Violencia de género en las áreas rurales de Asturias
Introducción a la violencia de género
¿Qué es la violencia de género?
Se entiende por violencia de género cualquier acto violento o agresión, basados en una situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres que tenga o pueda tener como consecuencia un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas de tales actos y la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si ocurren en el ámbito público como en la vida familiar o personal.
Tipos de violencia de género:
1)VIOLENCIA FÍSICA:
Incluye cualquier acto de fuerza contra el cuerpo de la mujer, con resultado o riesgo de producir lesión física o daño: golpes, quemaduras, pellizcos, tirones de pelo, empujones, lanzamiento de objetos, uso de armas, intentos de estrangulamiento, intentos de asesinato, intentos de provocar abortos...
El maltrato físico es el más evidente y el más fácil de demostrar; aun así, no es preciso que se requiera atención médica o que tenga efectos visibles en el cuerpo. Es muy probable que empiece con un simple golpe o bofetada.
2)VIOLENCIA PSICOLÓGICA:
Incluye toda conducta, verbal o no verbal, que produzca en la mujer desvalorización o sufrimiento: insultos, menosprecios, intimidaciones / amenazas, abuso de autoridad, falta de respeto, exige obediencia, utilización de las hijas e hijos, castigar con el silencio e incomunicación, culpabilizar a la mujer de todo lo que ocurre en la casa de modo que al final ella piensa que es la culpable de todas las situaciones de tensión o mostrar celos.
El maltrato psíquico es el más difícil de detectar, dado que sus manifestaciones pueden adquirir gran sutileza; no obstante, su persistencia en el tiempo deteriora gravemente la estabilidad emocional, destruyendo la autoestima y la personalidad de la mujer.
3)VIOLENCIA Y ABUSOS SEXUALES:
Incluyen cualquier acto de naturaleza sexual forzada por el agresor o no consentida por la mujer, y que abarcan la imposición, mediante la fuerza o con intimidación, de relaciones sexuales no consentidas con independencia de que el agresor guarde o no relación conyugal, de pareja, afectiva o de parentesco con la víctima.
4)ACOSO SEXUAL:
Incluye aquellas conductas consistentes en la solicitud de favores de naturaleza sexual, para sí o para una tercera persona, en las que el sujeto se vale de una situación de superioridad laboral, docente o análoga, con el anuncio expreso o tácito a la mujer de causarle un mal relacionado con las expectativas que la víctima tenga en el ámbito de la dicha relación, o bajo la promesa de una recompensa o de un premio en el ámbito de esta.
5)EL TRÁFICO DE MUJERES Y NIÑAS CON FIN DE EXPLOTACIÓN:
Incluye la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, especialmente de mujeres y niñas recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, rapto, fraude, engaño, abuso de poder con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas similares. Independentemente de la relación que una a la víctima con el agresor y el medio empleado.
6)VIOLENCIA ECONÓMICA:
Incluye la privación intencionada, y no justificada legalmente, de recursos para el bienestar físico o psicológico de la mujer y de sus hijas e hijos o la discriminación en la disposición de los recursos compartidos en el ámbito de la convivencia de pareja.
El maltratador considera que la mujer es incompetente y que no administra bien o gasta el dinero en cosas innecesarias, por lo que no puede tomar decisiones sobre el destino del gasto.
Impactos y consecuencias de la violencia de género
Las mujeres víctimas de violencia manifiestan muchas y variadas preocupaciones: tienen miedo a que las culpen a ellas, temen la reacción de su entorno al conocer cosas sobre su situación, se culpan a sí mismas, etc. Las consecuencias físicas y psicológicas de la violencia son múltiples y presentan gran impacto en la esfera personal y social de estas mujeres.
Por otro lado, existe un punto de inflexión acerca de cuáles son las reacciones que siguen a estos abusos y agresiones sexuales: recuerdos intrusivos, ansiedad, desconfianza, depresión, autoculpabilización, daño a sí mismas, trastornos del sueño y de la alimentación, embarazos no deseados, enfermedades venéreas o infecciones de VIH. El trauma implica varios elementos: la experiencia del mundo como un lugar no-seguro, verse a sí misma como diana de un daño intencionado y tomar consciencia de un contexto social malevolente. Muchas mujeres sufren experiencias de parálisis emocional y cognitiva cuando lo que experimentan entra en conflicto con las respuestas de su entorno, lo que las deja con un único recurso: negar que estas experiencias hayan sucedido.
Todo esto puede tener consecuencias perniciosas de muy diversos tipos para las víctimas de la violencia, no sólo por lo que supone para el desarrollo psicológico y social de cada una de ellas, sino también por lo que contribuye a la creación de estrategias sociales que aumentan la presión hacia la negación del abuso.
Diferencias entre la población víctima de violencia de género
La edad de la víctima es uno de los factores más importantes a tener en cuenta por parte de los distintos profesionales.
Las necesidades de una víctima joven pueden ser notablemente diferentes de las de una adulta.
Violencia sexual hacia menores
El abuso sexual a menores constituye un grave problema cuyas tasas de prevalencia oscilan alrededor de un 7%. El abuso sexual ocurre cuando una menor es utilizada para la estimulación o satisfacción sexual de su agresor. El consentimiento no existe o no puede ser dado, independientemente de si la niña entiende la naturaleza sexual de la actividad o de si no muestra signos de rechazo.
Las consecuencias del abuso sexual a menores, tanto a corto como a largo plazo, son muy negativas para su funcionamiento psicológico y físico, en especial cuando el agresor es un miembro de la familia y cuando se ha producido una violación. Entre los efectos a largo plazo se encuentran alteraciones emocionales importantes como: depresión, ansiedad, baja autoestima, ideas e intentos de suicidio, problemas en las relaciones interpersonales, trastornos en el funcionamiento sexual, trastornos de la alimentación, consumo de drogas o alcohol, etc.
Para estas menores resulta más dificultoso incluso contar lo sucedido que para una mujer adulta por lo que es muy importante:
- Escuchar y mantener la calma evitando hacer preguntas que puedan intimidar a la niña.
- Permitir que cuente lo que sucedió con sus propias palabras y a su ritmo. Si tiene dificultad para hablar, no ayude a la niña con palabras que cree que va a decir, espere.
- Use el vocabulario de la menor para recoger la información. Así se adapta a su momento evolutivo y nivel de desarrollo personal.
- Agradecerle la confidencia y decirle que es importante que lo haya contado.
- Explicarle que ella "no tiene la culpa” y evitar preguntas del tipo: ¿por qué no lo has contado antes? o ¿por qué lo permitiste?, ya que pueden hacerla sentirse culpable.
- Si le pide que no se lo cuente a nadie, recordarle que es su trabajo ayudarle, mantenerle seguro y que hará lo que sea necesario para protegerle.
- Evitar ser demasiado crítico con el abusador, sobre todo si es una persona cercana a la menor, pues son muy protectores con las personas que les importan, incluso si están siendo víctimas de abuso.
- Decirle que usted la cree.
- No expresar pánico o shock.
La dinámica involucrada en el cuidado de menores víctimas de abuso sexual es demasiado compleja, es necesario, y se recomienda, que estas menores sean entrevistadas y evaluadas por profesionales con especialización en intervención infantil. Debemos asumir que es una situación que requiere una respuesta rápida y especializada. En el caso de que la víctima corra un riesgo inminente, se ha de contactar con la policía y/o con los servicios sociales pertinentes de forma inmediata.
Violencia de género hacia mujeres adultas
Las estimaciones acerca de la prevalencia de la violencia contra las mujeres adultas ponen de relieve que el 36% de las mujeres adultas han experimentado algún tipo de violencia sexual. Al igual que ocurre con las menores víctimas de violencia sexual, el impacto físico, psicológico y emocional derivado de la agresión es muy significativo. La humillación extrema, conmoción, incredulidad, estrés, desorientación, negación, etc, son parte de la larga lista de problemas.
En definitiva, determinar cómo prevenir, identificar y responder a estas dramáticas experiencias vividas por mujeres adultas es vital para prevenir o minimizar el daño. La prevención y las estrategias de tratamiento han de ser personalizadas y los servicios de apoyo deben ser lo más accesibles posibles para facilitar la búsqueda de apoyos y recursos.
Medidas y actuación ante la violencia de género
Áreas rurales y la violencia de género
Las zonas rurales presentan unas características propias como pueden ser el aislamiento, menor población, dispersión territorial, mayor índice de masculinización y de envejecimiento, así como un empleo limitado y menores posibilidades de elección. Se plantea la hipótesis de si las condiciones específicas o diferenciales de las zonas rurales intervienen de forma diferente en la violencia hacia a las mujeres.
En Asturias existen igualmente diferencias al comparar los datos sobre las víctimas de agresiones, denuncias, e ingresos en las casas de acogida según se traten de áreas rurales o urbanas, donde los valores más altos se producen en las áreas urbanas. Los menores valores que presentan las áreas rurales están relacionados con una menor visibilidad de la violencia, por la existencia de un sistema más complejo de control, con unas mayores dificultades de movilidad dentro del hábitat rural que complica a la mujer acudir a los servicios de salud, poner una denuncia o romper con el círculo doméstico; también el aislamiento y la dispersión territorial facilitan el control social y reducen las posibilidades de comunicar la situación en la que se encuentran. Igualmente el menor tamaño de los núcleos rurales, donde las personas se conocen, frena hacer público las situaciones de maltrato. Estas mayores dificultades en el entorno rural, de movilidad, distancia a los núcleos urbanos junto a las limitadas oportunidades laborales, la dedicación de las tareas domésticas, los cuidados familiares y la crianza de los hijos/as, incrementan la dependencia social y económica de las mujeres e influyen en la construcción de su identidad como sujetos dependientes.
Tabla de denuncias y órdenes de protección en Asturias
Fuente: Consejo General del Poder Judicial.
Según estos datos, en Asturias se registraron 2711 denuncias, y en 2018 hubo 3109, lo que quiere decir, que en el último año el número de mujeres víctimas de violencia de género ha aumentado notablemente.
Evolución de las denuncias por violencia de género en Asturias (2009-2019)Según estos datos, en Asturias se registraron 2711 denuncias, y en 2018 hubo 3109, lo que quiere decir, que en el último año el número de mujeres víctimas de violencia de género ha aumentado notablemente.
Según los datos que nos muestra este gráfico podemos observar como desde 2016 en Asturias se puede observar una tendencia ascendente en cuanto al número de mujeres que deciden denunciar.
Distribución del número de víctimas de violencia de género con orden de protección o medidas cautelares en Asturias en 2017, por grupo de edad.
Fuente: Statista
Basándonos en los datos que nos muestra este gráfico el mayor porcentaje de víctimas se encuentra entre los 25-44 años y siendo las menores de 18 y las mayores de 65 las menos afectadas.
Basándonos en los datos que nos muestra este gráfico el mayor porcentaje de víctimas se encuentra entre los 25-44 años y siendo las menores de 18 y las mayores de 65 las menos afectadas.
Comparación de la tasa de mujeres víctimas de agresiones de pareja, tasa de denuncia por violencia de género procedente de la pareja y tasa de mujeres ingresadas en la Red de Casas de Acogida, por áreas rurales y urbanas.
Como se puede observar en el gráfico anterior en todos los casos las tasas son superiores en las áreas urbanas que en las rurales. Con estos resultados se podría decir entonces que las áreas urbanas presentan un mayor número de víctimas de violencia; sin embargo, se ha comprobado que las menores tasas que presentan las áreas rurales están relacionadas con las diferencias de hábitat.
Porcentaje de partes de lesiones procedentes de la pareja según áreas rurales y urbanas. (2005-2009)
Como podemos ver en la tabla anterior la en este caso las tasas más altas se encuentran en las áreas rurales casi en su totalidad. Con estos resultados podemos deducir que la gran parte de las agresiones se realizan en el ámbito conyugal y de pareja sentimental, con porcentajes muy escasos cuando las relaciones están terminadas.
Entrevista con Lydia Medero Coviella, abogada del Centro Social de la Mujer
Por último, para contrastar estos datos y conocer más cerca como es la situación en las zonas rurales de Asturias, nos pusimos en contacto con Lydia, abogada del Centro Social de la Mujer, y que trabaja en varios concejos del Principado y el 26 de febrero tuvimos una pequeña entrevista con ella. En dicha entrevista pudimos entender que no existe ningún tipo de perfil de mujer maltratada, es decir, no hay un patrón o comportamientos que hagan que tu seas más propensa a sufrir una situación de violencia, pero cabría destacar que la mayoría de las mujeres que acuden a sus consultas son mujeres con pocos recursos.
Otro de los punto de inflexión fue las adversidades a las que está sometida la mujer que vive en este entorno, ella nos comenta que bajo su punta de vista los principales problemas de la mujer asturiana en el mundo rural es la gran dificultad que tienen de acceder a los servicios y la desinformación a la que está sometida, concluye afirmando que es muy importante la educación tanto como para desmontar estereotipos acerca de la mujer maltratada como para ayudar a que este gran problema disminuya.
Por último nos comenta que hasta ese día se habían registrado ya 13 casos, con orden de protección; que la mayoría de las agresiones se daban en el ámbito de pareja y que un gran número de las víctimas después de todo seguían conviviendo con el agresor.

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